EnglishFrenchGermanItalianPortugueseSpanish

Convertido al no renegar de María

La Virgen y el Ni o con los pecadores arrepentidos #1 Metal Print by Anthony van Dyck - Fine Art America

Convertido al no renegar de María

Refieren el Belovacense y Cesáreo que un joven noble, por sus vicios, se

vio reducido de rico como lo había dejado su padre, a tanta pobreza que necesitaba

mendigar para comer. Se fue a vivir lejos, donde no fuese conocido para no pasar

tanta vergüenza. Por el camino se encontró con un viejo criado de su padre, quien al

verlo tan afligido por la pobreza en que había caído le dijo que no perdiese el ánimo,

porque él podía ponerlo en relación con un príncipe que lo proveería de todo.

El antiguo sirviente se había convertido en un impío hechicero. Un día tomó

consigo al infeliz joven y lo llevó a través de un bosque a la orilla de un lago, donde

comenzó a hablar con una persona invisible. El joven le preguntó con quién hablaba.

Le respondió que con el demonio; y al ver el espanto del joven trató de animarlo

para que no tuviera miedo. Y continuó hablando con el demonio: “Señor –le dijo–,

este joven está reducido a extrema miseria y quiere volver a su antigua posición”.

“Cuando quiera obedecerme –respondió el enemigo– le haré más rico que antes,

pero en primer lugar tiene que renegar de Dios”. Ante esta propuesta se horrorizó el

joven, pero instigado por le maldito mago lo hizo y renegó de Dios. “Pero esto no

basta –replicó el demonio–, es necesario también que reniegue de María, porque

ella es la que nos causa más pérdidas. ¡A cuántos nos los arranca de las manos y

los lleva a Dios para salvarlos!” “¿Qué yo reniegue de mi madre? ¡Eso sí que no!

–gritó el joven–. ¡Ella es toda mi esperanza! ¡Prefiero andar mendigando toda mi

vida!” Y el joven se alejó apresuradamente de aquel lugar.

A la vuelta acertó a pasar por una iglesia de María. Entró el desconsolado

joven y, postrándose ante su imagen, comenzó a llorar amargamente y a pedir a la

santísima Virgen que le obtuviera el perdón de sus pecados. Y he aquí que María,

desde su imagen, se puso a rogar a su Hijo a favor de aquel infeliz. Jesús le dijo:

“Pero si es un ingrato, Madre mía; ha renegado de mí”. Mas como María no dejaba

de suplicarle, al fin le dijo: “Madre mía, jamás te he negado nada; sea perdonado ya

que tú me lo pides”.

Todo esto lo estaba observando providencialmente el señor que había

comprado la hacienda del joven. Y viendo la piedad de María con aquel pecador y

como tenía una hija única se la dio por esposa, haciéndolo heredero de todos sus

bienes. Y así aquel joven recuperó, gracias a María, la gracia de Dios y hasta los

bienes temporales.

Deja un comentario

Su dirección de email no será publicada